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Gazpacho de remolacha

Gazpacho de remolacha y tomate asado con crema de anacardos, nieve de pepino y mango

Una sopa fría vibrante, elegante y sorprendente.
El dulzor terroso de la remolacha se fusiona con la profundidad del tomate asado, mientras el contraste de la crema suave de anacardos, el frescor del pepino rallado y el toque tropical del mango fresco elevan este plato a una experiencia sensorial completa. Ideal para un almuerzo veraniego, ligero y sofisticado.

Ingredientes (para 2 personas):


Para el gazpacho:

2 tomates maduros
1 remolacha cocida
¼ de pimiento rojo
½ diente de ajo (opcional)
1 cucharada de vinagre de manzana
3 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
Sal marina al gusto
Agua fría al gusto (para ajustar textura)


Para la crema de anacardos:

40 g de anacardos crudos
Zumo de ½ limón
Una pizca de sal
2–3 cucharadas de agua (según textura)


Para la nieve de pepino y mango:

½ pepino
¼ de mango maduro
Unas gotas de zumo de lima o limón
Hojas de menta fresca (opcional)


Preparación paso a paso:


Preparar el gazpacho:

Asar los tomates al horno durante 20 minutos a 190 ºC, hasta que estén blandos y dulces. Dejarlos enfriar. Triturar junto con la remolacha cocida, el pimiento, el ajo, el vinagre, el aceite, la sal y un poco de agua fría. Ajustar la textura al gusto (más densa o más ligera) y enfriar bien en la nevera al menos 1 hora.


Preparar la crema de anacardos:

Triturar los anacardos (previamente remojados 2–3 horas si se desea una textura más fina) con el zumo de limón, la sal y un poco de agua hasta obtener una crema espesa pero fluida.


Preparar la nieve de pepino y mango:

Rallar el pepino muy fino (con piel) y picar el mango en daditos pequeños. Mezclar ambos con unas gotas de zumo de lima o limón y, si se desea, unas hojas de menta picadas. Mantener en frío hasta el momento de servir.


Montar el plato:

Servir el gazpacho bien frío en cuencos. Colocar en el centro una cucharada de crema de anacardos y, encima, una pequeña montaña de nieve de pepino y mango. Decorar con unas gotas de aceite de oliva y menta fresca.


Una receta llena de color y contrastes, que refresca, sorprende y nutre. Perfecta para días cálidos o como entrante en una comida especial. Belleza vegetal servida en cuenco.

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